El ataque Pirata de Saña y sus repercusiones en el Virreinato del Perú
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pub. 04/06/2025
Cuando se camina entre los restos silenciosos de las iglesias de Saña, es difícil imaginar que esta ciudad alguna vez fue objeto de codicia y violencia por parte de uno de los corsarios más temidos del siglo XVII: Edward Davis. Su incursión en Saña, ocurrida en el año 1686, no solo representa uno de los episodios más dramáticos de la historia de esta ciudad, sino que también dejó una huella profunda en la política virreinal de defensa del litoral peruano. A partir de este ataque, el virreinato entendió, que las riquezas del norte peruano no estaban a salvo, y que se necesitaban medidas drásticas para defender el poderío español en América del Sur.
Edward Davis fue un corsario inglés que operó en el Pacífico americano durante la segunda mitad del siglo XVII. Al igual que otros piratas famosos de su tiempo como Bartholomew Sharp y William Dampier, Davis se dedicó a atacar colonias españolas en las costas de Panamá, Ecuador, Perú y Chile. Aunque su motivación principal era el botín (oro, plata, alimentos, armas y bienes de lujo), su figura se movía en la ambigüedad legal de la época: mientras que para España era un pirata, para Inglaterra y otras potencias europeas era un corsario, es decir, un marino con permiso oficial para hostilizar embarcaciones enemigas.
En 1686, Edward Davis se desplazaba por el Pacífico con una flota compuesta por varios navíos ligeros. En ese momento, Saña era una de las ciudades más ricas del norte del Perú, conocida por sus haciendas azucareras, grandes templos, conventos opulentos y residencias señoriales.
El 3 de marzo de 1686, Edward Davis desembarcó en el puerto de Chérrepe, que se ubica a 30 km. de Zaña aproximadamente, Davis llegó con una fuerza de más de 200 hombres, distribuidos en tres buques y siete canoas, y se dirigió hacia el interior siguiendo el curso del río Zaña.
David, llegó por sorpresa en una incursión rápida y brutal, con un ataque bien planeado y ejecutado con precisión.Al encontrar una ciudad indefensa, los corsarios saquearon iglesias, conventos, residencias privadas y haciendas. Se llevaron plata, objetos religiosos de valor (como cálices y custodias), ganado, alimentos y mercancías almacenadas. Además, capturaron y torturaron a algunos habitantes en busca de más riquezas escondidas, como lo mencionan varias crónicas de aquella época.
Uno de los objetivos más preciados del saqueo fue la Iglesia de San Francisco, cuyo altar mayor estaba revestido en oro y plata. Davis y sus hombres arrancaron ornamentos sagrados, quemaron archivos parroquiales y destruyeron imágenes religiosas. Para los habitantes, el saqueo no solo fue económico sino también simbólico: una profanación del poder religioso y una humillación pública del dominio español.
La noticia del ataque de Davis a Saña llegó rápidamente a Lima y causó pánico en la corte virreinal. El entonces virrey, Melchor de Navarra y Rocafull, duque de la Palata, reaccionó con una mezcla de consternación y resolución. Comprendió que el poder español en América era más frágil de lo que se pensaba. Hasta ese momento, el esfuerzo defensivo se había centrado en puertos como Callao o Guayaquil, pero el saqueo de una ciudad tan profunda en el interior como Saña demostró que la amenaza pirata podía penetrar por ríos, quebradas o caminos poco vigilados.
Como respuesta directa al ataque de Davis, el virrey Melchor Navarra y Rocafull impulsó una reforma del sistema de defensa virreinal, basada en tres pilares:
1. Amurallamiento de ciudades claves: Se iniciaron los proyectos de murallas y bastiones en ciudades importantes como:
- Trujillo, en 1687, donde se construyó una muralla ovalada con 15 baluartes, diseñada por el ingeniero italiano Joseph Formento.
- Lima, donde se consolidó el proyecto de murallas defensivas con portones de control, también liderado por Formento.
- Callao, cuyo puerto fue fortificado con más torres y cañones costeros.
2. Milicias locales: Se promovió la formación de milicias urbanas y rurales, integradas por criollos, mestizos e incluso esclavos y pueblos originarios, con el fin de reaccionar rápidamente ante nuevas incursiones.
3. Reorganización del comercio y almacenamiento de riquezas: Se ordenó que los cargamentos valiosos no se acumularan en ciudades no protegidas. Esto redujo la tentación para los piratas y ayudó a dispersar el riesgo.
El saqueo de Davis, sumado a las inundaciones posteriores de 1720, significó el declive definitivo de Saña como ciudad dominante del norte. Muchas familias ricas emigraron a Chiclayo, Lambayeque o Trujillo, y la ciudad entró en una larga etapa de abandono.
Pero el legado de esa tragedia aún vive. Las ruinas de Saña no son simplemente testigos del paso del tiempo, sino símbolos de una época donde la guerra, el oro y la religión definían el destino de ciudades enteras. Y la figura de Edward Davis, lejos de ser solo un nombre en la historia de Saña, representa el punto de quiebre que obligó a repensar la seguridad del virreinato.
Visitar Saña hoy es reencontrarse con un episodio olvidado pero crucial del siglo XVII, cuando un corsario inglés desnudó la debilidad de un imperio, y obligó a sus líderes a proteger con murallas lo que antes parecía invencible. Aquí, entre los restos de iglesias y conventos, el eco de aquel saqueo aún resuena, como advertencia, como memoria, y como una lección viva para quienes deseen comprender las complejidades del poder, la guerra y el olvido en la historia peruana.
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Lic. Antonio Cruz Mejía.